El mapa religioso argentino se reconfigura: católicos en caída y un fenómeno que sorprende
Católicos en baja, evangélicos en alza y un grupo que crece sin precedentes: los que no tienen religión. ¿Qué dice el último relevamiento nacional sobre el futuro de la fe en Argentina?
Si el papa León XIV finalmente pisa el país, como todo lo indica, se encontrará con una Argentina muy distinta a la de Juan Pablo II en los ’80. Los católicos ya no son mayoría abrumadora: hoy representan el 57,7%, mientras que los que no adscriben a ninguna religión ya superan a los evangélicos y se convierten en el segundo grupo.
Un relevamiento del Barómetro de las Religiones de la UBA revela que la fe se está moviendo. En 1960, el 90% se declaraba católico; ahora, apenas superan la mitad. En contraste, los evangélicos crecieron del 9% en 2008 al 17,7% actual. Pero el dato más impactante es el de los “sin religión”: ya son el 22,4%, divididos entre creyentes sin afiliación (13,2%), agnósticos (4,8%) y ateos (4,4%).
¿Quiénes se están yendo de la Iglesia?
Los jóvenes son los que más se alejan. Solo el 44,6% de los argentinos entre 16 y 29 años se considera católico, mientras que el 31% directamente no tiene religión. En cambio, los evangélicos captan al 23,6% de esa franja, muy por encima de su promedio general. Entre los mayores de 50, el 69% sigue siendo católico.
Juan Esquivel, director del Barómetro, aclara que esto no es solo argentino: “Es un proceso global. En países como República Checa o Países Bajos, los sin filiación ya son la primera minoría”. Y explica que la sangría católica se debe tanto al avance evangélico como a quienes dejan de identificarse con alguna religión, aunque muchos sigan creyendo.
El factor generacional y educativo
La tendencia parece imparable. “Como los jóvenes son los que menos se identifican con la Iglesia, por una cuestión generacional esto se va a profundizar”, advierte Esquivel. Sin embargo, aclara: el 90% de los argentinos aún cree en Dios. Lo que cambia es la pertenencia institucional.
El estudio también muestra una brecha educativa: los sectores con menor nivel educativo se vuelcan a iglesias evangélicas en busca de contención; los más educados, en cambio, optan por no tener filiación. El papa Francisco, en su libro El Pastor, relativiza esa idea: “No es la educación, sino el poder económico lo que aleja de Dios. El dinero puede ser divinizado”.
Frente a la pérdida de fieles, Francisco insiste en el testimonio: “La Iglesia crece por atracción, no por proselitismo. Cada vez menos palabras y más coherencia”. Algo que seguramente resonará cuando León XIV llegue a estas tierras.
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