El kiosco de barrio en peligro de extinción: la estrategia de supervivencia que aplican en Tucumán

¿Están condenados a desaparecer los kioscos de tu barrio? Descubre las tácticas desesperadas que aplican los comerciantes tucumanos para sobrevivir a una crisis que ya se llevó puestos a miles en todo el país.

Por infotucuman · 07/03/2026 · min de lectura
El kiosco de barrio en peligro de extinción: la estrategia de supervivencia que aplican en Tucumán

Una verdadera sangría sacude al sector: más de 36.000 kioscos desaparecieron en dos años en el país, un promedio de 50 cierres diarios. La crisis económica, la competencia desleal y la caída del consumo obligan a los comerciantes a reinventarse o a bajar la persiana para siempre. En San Miguel de Tucumán, los dueños de estos locales emblemáticos despliegan tácticas creativas para no convertirse en otra estadística.

La Unión de Kiosqueros Argentinos (UKRA) es la entidad que da la voz de alarma con las crudas cifras. El ritmo de desaparición de estos comercios de proximidad no da tregua y coloca a los propietarios ante una encrucijada imposible: subir precios ahuyenta a una clientela con el bolsillo resentido, pero mantenerlos los lleva a una descapitalización lenta y segura.

¿Por qué ya no es negocio como antes?

El kiosco perdió su ventaja competitiva histórica. Lo que antes era un producto exclusivo suyo –golosinas, cigarrillos, snacks– hoy se consigue en cualquier supermercado, farmacia o almacén. Este fenómeno, sumado al avance de las grandes cadenas del rubro, aprieta el cerco sobre el negocio familiar.

Desde la UKRA son contundentes: la apertura de un local de una cadena puede provocar el cierre de entre cinco y siete kioscos tradicionales en la zona. Frente a esto, la entidad libra una batalla legislativa. Buscan una ley de proximidad que impida instalar un nuevo kiosco a menos de 100 metros de uno existente y una normativa que otorgue exclusividad en la venta de ciertos productos.

“Si a nosotros no nos permiten vender medicamentos o carne, entonces que otros comercios tampoco vendan nuestros productos”, argumentó con lógica de barrio Ernesto Acuña, vicepresidente de la agrupación.

La realidad tucumana: reinventarse o morir

Mientras el debate nacional continúa, en las calles de San Miguel de Tucumán la pelea es día a día. La diferencia de $100 en un producto puede definir dónde compra un cliente, una presión que obliga a la creatividad.

En pleno microcentro, en Salta 213, Iván Maidana decidió transformar su kiosco. Ya no solo vende golosinas y cigarrillos; ahora su local ofrece fiambres, panchuques, productos de panadería y hasta artículos de almacén. La diversificación es su escudo contra la crisis.

A pocos metros, Jonathan Lazarte apunta a un público clave: los estudiantes. Su estrategia son los combos accesibles, como panchos con gaseosa a precios pensados para el bolsillo de los chicos, especialmente durante la temporada escolar.

El cambio también llegó a la logística. Las compras por pallets o cajas cerradas son un recuerdo. Hoy, muchos kiosqueros solo pueden abastecerse por fardos o cantidades fraccionadas, lo que encarece aún más cada producto que ponen en la góndola.

Los costos que asfixian y una luz de esperanza

Marcelo Carmena, dueño de Tucumán Kiosko y McKio, analiza la raíz del problema. “La caída del consumo responde a una crisis económica y al incremento de cargas como el IVA y los servicios”, explicó. A esto se suman dos pesos pesadísimos: los alquileres y la tarifa eléctrica, que en zonas céntricas se vuelven insoportables.

“Cuando esos costos se vuelven demasiado altos, los kioscos se descapitalizan. Y cuando eso sucede, muchas veces no queda otra opción que cerrar”, sentenció Carmena, describiendo un ciclo que se intensificó desde principios del año pasado.

En medio de este panorama gris, algunas apuestas nuevas intentan abrirse camino. Es el caso de Laut Market, un emprendimiento que inauguró en diciembre pasado también sobre la calle Salta. Su propietario confía en que una administración rigurosa y el fraccionamiento de golosinas para ofrecer precios bajos pueden ser la fórmula para resistir en un mercado en retracción.

La postal final es la de un sector que lucha por no extinguirse. Muchos locales hoy funcionan solo con sus dueños, sin empleados y con horarios recortados para ahorrar. El kiosco de barrio, ese ícono de la esquina, libra su batalla más dura.

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