El “Índice Pizza” revela la dura realidad del salario en Argentina: ¿Cuántas podés comprar hoy?

¿Tu salario rinde lo mismo que antes? Un revelador “Índice Pizza” muestra cuánto se puede comprar hoy y expone la estrategia de “triple infidelidad” que aplican los argentinos para llegar a fin de mes. Los detalles del estudio que midió el pulso económico real de los hogares.

Por infotucuman · 23/03/2026 · min de lectura
El “Índice Pizza” revela la dura realidad del salario en Argentina: ¿Cuántas podés comprar hoy?

Un estudio del primer trimestre de 2026 expone la cruda pérdida de poder adquisitivo de los argentinos, utilizando un parámetro tan cotidiano como revelador: la pizza. Mientras los números macroeconómicos muestran señales dispares, la consultora Moiguer, a través de su relevamiento “Social Mood”, detalla cómo la economía golpea el bolsillo de las familias, forzando cambios radicales en los hábitos de consumo y generando una mezcla de preocupación y expectativa.

La herramienta central del informe es el llamado “Índice Pizza”, una medida que calcula cuántas pizzas básicas se pueden adquirir con un salario mínimo. La comparación histórica es elocuente y muestra un deterioro profundo. En 2015, ese ingreso permitía comprar 33 unidades, mientras que en la actualidad solo alcanza para 12. Esta caída sintetiza más de una década de pérdida constante en la capacidad de compra de los trabajadores.

¿Cómo están los ingresos de los hogares?

El panorama de los ingresos familiares pinta un escenario complejo. Según el estudio, la mitad de los hogares argentinos declara percibir menos de 1.000 dólares mensuales. Por su parte, el ingreso promedio individual ronda los 680 dólares. En este contexto, no sorprende que más de la mitad de las familias considere que sus ingresos evolucionan por detrás de la inflación, lo que refuerza la sensación de deterioro económico en la vida cotidiana.

La “triple infidelidad” del consumidor

Ante la presión constante sobre el bolsillo, los argentinos han modificado drásticamente sus hábitos de compra. El informe identifica este fenómeno como la “triple infidelidad”, una estrategia de adaptación forzada. En primer lugar, se da la infidelidad al canal: mientras supermercados y mayoristas muestran caídas en ventas del 5,2%, los comercios de cercanía ganan protagonismo con un crecimiento del 9%.

La segunda es la infidelidad a la marca, donde el precio se impone sobre la lealtad. Un contundente 83% de los consumidores reduce la compra de primeras marcas y un 90% suma alternativas más económicas a su carrito. Finalmente, aparece la infidelidad a la bandera: un 43% de los encuestados asegura que optaría por artículos importados para ahorrar, incluso si esto impactara en el empleo local, y un 30% ya concretó compras en plataformas internacionales.

¿Ajustar gastos o seguir consumiendo?

El comportamiento del consumidor actual combina el recorte con el gasto en ciertas áreas. Aunque una parte importante de la población (61%) reduce gastos básicos, muchos (68%) siguen destinando recursos a consumos considerados no esenciales. En el último mes relevado, más de la mitad de los encuestados ajustó su presupuesto, pero al mismo tiempo, una mayoría reconoció haber realizado gastos en indumentaria, tecnología o entretenimiento.

Esta dinámica paradójica ayuda a explicar el repunte en ciertos rubros, como los shoppings, que registraron un crecimiento del 3,5%. Parece ser una conducta donde el ajuste convive con la necesidad de mantener ciertos niveles de consumo personal.

Expectativas a futuro

El diagnóstico actual del país muestra un predominio de evaluaciones negativas, que alcanzan al 39% de la población. Sin embargo, esa percepción no es absoluta y convive con ciertas expectativas de mejora. Una proporción significativa, que oscila entre el 42% y el 46%, cree que el escenario económico podría mejorar en el corto plazo y mantiene confianza en una eventual recuperación de su capacidad de consumo.

El informe de Moiguer deja en claro que, más allá de los indicadores macro, la economía diaria de los argentinos se mide en unidades cada vez más pequeñas, donde hasta una pizza se ha convertido en un termómetro del poder adquisitivo perdido.

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