El hallazgo que reescribe la historia: el dinosaurio más pequeño de Sudamérica vivió en la Patagonia
¿Cómo era la vida entre los gigantes? El increíble hallazgo en Río Negro de un dinosaurio más pequeño que un pollo está cambiando todo lo que creíamos saber sobre la Patagonia prehistórica.
Un descubrimiento paleontológico excepcional en el norte de la Patagonia argentina ha revelado los restos de uno de los dinosaurios más diminutos jamás encontrados. Se trata de un esqueleto casi completo y en un estado de conservación “exquisito” de un animal que, con apenas 0,7 kilos de peso, no llegaba a la altura de la rodilla de una persona. Este hallazgo, publicado en la prestigiosa revista Nature, demuestra que la “era de los gigantes” también albergaba una biodiversidad asombrosa de criaturas pequeñas.
¿Quién era “Alna”?
El fósil corresponde a un dinosaurio llamado *Alnashetri cerropoliciensis*, apodado “Alna” por los investigadores. Era una hembra que vivió hace aproximadamente 95 millones de años, durante el período Cretácico, en lo que hoy es la provincia de Río Negro. Con un tamaño similar al de un cuervo o un pollo, medía unos 70 centímetros de largo, gran parte de los cuales correspondían a su cola.
Su cuerpo grácil, con extremidades delanteras cortas y patas traseras largas, le permitía desplazarse con agilidad por un entorno desértico de dunas de arena. Los científicos sospechan que tenía plumas y que era un activo cazador de animales pequeños como lagartos, serpientes, mamíferos e invertebrados, gracias a sus numerosos dientes puntiagudos y fuertes.
Un tesoro enterrado en “el desierto de los huesos”
El espécimen fue desenterrado en el yacimiento de La Buitrera, ubicado en la zona de Kokorkom, un nombre de origen mapuche que significa “desierto de los huesos”. Este sitio, en el norte de la Patagonia, es famoso por ser una verdadera mina de oro para los fósiles de pequeños vertebrados.
La excelente conservación del esqueleto, con los huesos en la posición que tenían en vida, se debe a que el cuerpo de Alna quedó rápidamente cubierto por una duna de arena tras su muerte. Este entierro rápido permitió incluso que los investigadores realizaran un detallado examen histológico de sus estructuras óseas microscópicas.
Una pieza clave en el rompecabezas evolutivo
Alnashetri pertenece a la familia de los alvarezsaurios, un grupo inusual de dinosaurios terópodos (carnívoros). Este hallazgo es crucial porque demuestra que existían alvarezsaurios muy pequeños que no estaban especializados en una dieta insectívora, a diferencia de sus parientes posteriores.
El paleontólogo Sebastián Apesteguía, coautor del estudio e investigador de la Fundación Félix de Azara y del CONICET, explicó que Alna “es realmente diminuto” y que su descubrimiento muestra “que la reducción de tamaño evolucionó varias veces en este linaje”. El primer autor de la investigación, Peter Makovicky de la Universidad de Minnesota, destacó que, aparte de las aves, este es el dinosaurio más pequeño conocido de Sudamérica.
Un ecosistema más complejo de lo imaginado
Este descubrimiento desafía la imagen popular de la Patagonia prehistórica, dominada por gigantes como el carnívoro Giganotosaurus (de 8 toneladas) o el herbívoro Argentinosaurus (de 70 toneladas). El hallazgo de Alnashetri subraya que aquellos paisajes estaban llenos de vida de todos los tamaños.
“Cuando pensamos en paisajes con dinosaurios, imaginamos vastas extensiones con enormes bestias vagando en la distancia. Pero estos paisajes casi siempre carecen de un componente crucial del ecosistema: los animales medianos y pequeños”, reflexionó Apesteguía. Y concluyó: “Alnashetri nos muestra que no fue una época de gigantes, sino más bien una época de inmensa biodiversidad”.
Los primeros restos de esta especie (dos patas incompletas) se encontraron en La Buitrera en 2004. El espécimen completo fue descubierto una década después, en 2014, y requirió 12 años de meticulosa preparación y estudio antes de que sus secretos salieran a la luz en la publicación científica de esta semana.
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