El general que arrasó el monte tucumano: la entrevista secreta donde confiesa su odio por Bussi
Una entrevista secreta guardada por años revela la mente del general que comandó la represión en el monte tucumano. Acdel Vilas habla sin filtro: su estrategia, su admiración por el enemigo y el odio visceral que le profesaba a Bussi. Los detalles que cambiaron la historia de Tucumán para siempre.
Un reportaje inédito con el general Acdel Vilas revela los oscuros detalles del Operativo Independencia y la amarga rivalidad con quien se quedó con “su gloria”. A 51 años del decreto que ordenó “aniquilar” la guerrilla en Tucumán, las palabras del militar a cargo desnudan los métodos brutales, las cuentas pendientes y el sueño político que nunca logró. Esta es la historia jamás contada.
En febrero de 1975, un decreto firmado por la entonces presidenta Isabel Perón puso en marcha una maquinaria de represión sin precedentes en el monte tucumano. Al frente de esa operación estuvo el general Acdel Vilas, un hombre que, años después, en una entrevista que nunca se publicó, mezcló orgullo, rencor y una justificación inquebrantable de su accionar.
¿Un designio divino para el mando?
Vilas atribuyó su llegada al comando de la V Brigada de Infantería a un capricho del destino, o como él decía, a la voluntad de Dios. El accidente aéreo del 5 de enero de 1975, que segó la vida de los generales Enrique Salgado y Ricardo Muñoz, dejó vacante el puesto. “De los generales nuevos, yo era el único sin mando de tropa”, confesó, viendo en la tragedia una oportunidad personal.
Descartó de plano la versión de que la guerrilla del ERP hubiera derribado la aeronave. “Fue un accidente… El ERP nunca tuvo armas antiaéreas”, aseguró, atribuyendo ese mito a la “propaganda” de la época.
La “guerra sucia” aplicada en suelo tucumano
Su estrategia no fue original. Vilas aplicó metódicamente las tácticas de contrainsurgencia aprendidas de los franceses en Argelia e Indochina. Criticó los métodos “clásicos” del Ejército y defendió su enfoque “profesional y muy efectivo”. Relató un modus operandi elocuente: si un sacerdote negaba el acceso a una capilla bajo el argumento de ser “la casa de Dios”, sus tropas volvían de noche. “Con pasamontañas para ocultar los rostros. Entonces pateábamos la puerta, entrábamos y nos llevábamos a los subversivos. Listo. Fin de la cuestión”.
Al ser interrogado sobre la legalidad de estos procedimientos, su respuesta fue contundente: “Es fácil hablar ahora… pero si las hay [elecciones], esté seguro de que eso es posible porque nosotros evitamos una Argentina comunista”.
¿Hubo prisioneros en el monte?
La conversación se volvió más tensa al abordar el destino de los guerrilleros. Vilas eludió una respuesta directa, argumentando la complejidad de combatir a un enemigo “que se escabulle y se invisibiliza”. “Aplicar ese mismo sistema [judicial] con los subversivos era suicidarse. Era como curar una pulmonía con aspirinas. En ese momento la cosa era a matar o morir”, justificó. Su elogio, aunque pétreo, fue para el valor del ERP en combate: “Eran muy valientes, muy corajudos. De verdad peleaban hasta morir. Yo los admiré en ese sentido”. A los Montoneros, en cambio, los tildó de “cobardes”.
La clave: asfixiar la logística
Vilas detalló su plan. En lugar de embarcarse en persecuciones infructuosas por la espesura, priorizó “aniquilar su base de apoyo y logística en los pueblos”. “La clave era no desgastarse en combates inútiles, sino asfixiarlos cortando su fuente de abastecimiento y de información”, explicó. Aseguró que para diciembre de 1975, la guerrilla en el monte estaba prácticamente desarticulada: “solo quedaban pocos elementos subversivos… sueltos, mal armados y hambrientos”.

El rencor eterno hacia Antonio Bussi
El tema que más amargura destiló en sus palabras fue la figura del general Antonio Domingo Bussi. Vilas lo acusó de ser un “burócrata” que se quedó con los honores de una guerra que él había ganado. “Bussi nunca se manchó los borceguíes con barro”, despotricó. Incluso insinuó manejos turbios: “Con el Fondo Patriótico se quedó con muchas más cosas, le puedo asegurar. Averigüe, averigüe…”.
Según Vilas, cuando Bussi lo reemplazó el 18 de diciembre de 1975, le admitió: “¡General, usted casi que no me dejó nada por hacer!”. Su resentimiento también apuntó a la cúpula militar que, tras el golpe del 76, nombró a Bussi gobernador de facto de Tucumán y lo pasó a retiro a él en 1977. “Yo no jugaba al polo o iba a cazar elefantes al África con Martínez de Hoz… Yo soy un nacionalista, y ellos… eran liberales”, se quejó.
El sueño político frustrado
Con la vuelta de la democracia, Acdel Vilas albergó la ilusión de convertirse en presidente. En un acto en la Federación Argentina de Box, unos doscientos adherentes coreaban: “¡Sí señores, yo soy de Vilas… porque este año… salió el nuevo Perón!”. Sin embargo, ese futuro nunca llegó. Fue procesado y detenido por violaciones a los derechos humanos cometidas en Bahía Blanca, adonde fue destinado después de Tucumán.
Murió a los 85 años, en julio de 2010, en el olvido. Mientras, las cifras de la Comisión Bicameral de Tucumán dan cuenta de al menos 123 secuestros durante 1975, el año de su mando, con 77 desaparecidos y 14 asesinados. Un legado siniestro que él siempre defendió como el precio necesario para, en sus palabras, “evitar una Argentina comunista”.
Por Hugo Asch – Infobae
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