El drama detrás del espiral: en estos barrios de Tucumán la chikungunya no da tregua

Yanina, su hijo y decenas de vecinos viven encerrados por el miedo al mosquito. ¿Qué pasa en los barrios del sur de la capital cuando la chikungunya no da tregua?

Por infotucuman · 29/04/2026 · min de lectura
El drama detrás del espiral: en estos barrios de Tucumán la chikungunya no da tregua

En Villa Angelina, al sur de San Miguel de Tucumán, el olor a espiral se mezcla con la humedad, el hedor de las pérdidas cloacales y el miedo. Yanina Díaz, de 39 años, apenas puede caminar. Es enfermera y asegura que jamás sintió un dolor semejante. Todo empezó con su hijo Benicio, de ocho años, que amaneció con fiebre alta el jueves 16. Horas después, ella también cayó.

“No nos podíamos levantar. A él tuvieron que ponerle pañales porque no llegaba al baño”, relata Yanina. La escena quedó grabada: a Benicio lo llevaron en silla de ruedas hasta la policlínica; a ella la sostuvo un vecino en auto. Durante tres días estuvieron postrados.

¿Cuál es la zona más afectada?

Villa Angelina, Crucero Belgrano y Alejandro Heredia concentran el mayor foco del brote de chikungunya en la provincia. Los casos no paran de aumentar. Los vecinos organizan su rutina alrededor de los mosquitos: cierran puertas, usan repelentes, encienden espirales. Muchos dejaron de salir.

Oficialmente, San Miguel de Tucumán registra 246 casos confirmados, el 70% de los 346 contagios provinciales. Pero en los barrios aseguran que hay muchos más enfermos de los que muestran las estadísticas.

La odisea en los centros de salud

En el CAPS “Doctora Delia de Palma” la escena se repite a diario. Personas con fiebre, dolores articulares y agotamiento esperan análisis. Eduardo Medina (45) cuenta: “Primero pensé que era agotamiento por el trabajo. Después me agarró la fiebre y no podía más”. Llamó al 107 y lo trasladaron. Le indicaron paracetamol y estudios. “Hace tres años seguidos que tengo dengue. Ahora esto”, dice resignado.

Belén Páez afirma que muchos vecinos ya ni siquiera buscan atención médica: “No pierden el tiempo; se cuidan solos en la casa”. La basura acumulada y las cloacas rebalsadas agravan el problema.

El recuerdo del dengue y la desesperación

Elsa Gallardo, de casi 70 años, ya tuvo dengue dos veces y ahora chikungunya. “Me dejó más flaca, sin ganas”, cuenta. Vive pendiente de los mosquitos, compra espirales aunque la plata no alcance. “A veces uno siente que no puede hacer más nada”, admite.

En Crucero Belgrano, las calles parecen un pantano. Los vecinos cruzan sobre tablones. El olor a cloaca está en todos lados. Mirta Raquel Morales (60) vive con diez familiares; todos se enfermaron. “Tuve dolor de cuerpo, fiebre, sin apetito… no me podía mover”, describe. Detrás de su casa, motos pasan por charcos marrones y zanjas con agua estancada.

Jorge Ale cuenta que muchos chicos faltan a clases por fiebre y vómitos. “Los mandan de vuelta a la casa”, resume.

Basurales y víboras en Alejandro Heredia

En el barrio Alejandro Heredia, un enorme basural improvisado preocupa a los vecinos. Ester señala: “No son vecinos de acá. Vienen de otros lados y tiran basura”. Aunque la Municipalidad limpió hace poco, el lugar volvió a llenarse de residuos. “No solo hay mosquitos, también hay víboras”, advierte. Para espantarlos, usa ventilador incluso cuando hace frío. “Prefiero estar resfriada antes que me pique”, resume.

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