El drama de las familias tucumanas: 37 de cada 100 ya queman sus ahorros para sobrevivir
El ahorro ya no es un lujo: en Tucumán, 37 de cada 100 familias queman sus reservas para pagar alimentos y alquiler. ¿Hasta cuándo se puede sostener este ritmo?
En un contexto de inflación acumulada y pérdida de poder adquisitivo, el ahorro dejó de ser una herramienta de previsión para convertirse en un recurso de supervivencia. Más de la mitad de los hogares argentinos no llega a fin de mes sin recurrir a sus reservas, y Tucumán no es la excepción.
Según datos de la consultora Centrix, más del 50% de los hogares reconoce que no logra cubrir sus gastos esenciales hasta el día 20 de cada mes. En consecuencia, la mayoría recurre a créditos o directamente a sus ahorros para cubrir necesidades básicas como alimentos, servicios o alquileres.
¿Qué pasa con los inquilinos?
La situación es aún más crítica entre quienes alquilan. Un relevamiento de la Fundación Tejido Urbano determinó que 6 de cada 10 inquilinos deben apelar a ahorros, préstamos o financiamiento para cumplir con el pago mensual de la vivienda. El indicador muestra un deterioro sostenido: pasó del 46,2% en 2022 al 57,6% en 2025, y alcanza el 63,2% en el Gran Buenos Aires.
¿Dónde se ubica Tucumán en el ranking?
En el plano regional, Tucumán se ubica en el puesto 8 del ranking nacional, con un 36,9% de hogares que recurren a sus ahorros para llegar a fin de mes. Si bien no figura entre las jurisdicciones más comprometidas —lideradas por Mendoza con el 50,3% y La Pampa con el 49,8%—, el dato implica que 37 de cada 100 familias tucumanas ya consume sus reservas para sostener su nivel de vida. La provincia se posiciona en la mitad superior del ranking, aunque el porcentaje resulta significativo en una economía con fuerte dependencia del empleo público.
En el interior del país, el impacto se profundiza debido a la menor diversificación de ingresos. En esas regiones, el deterioro del salario real se siente con mayor intensidad, especialmente en provincias donde el empleo estatal predomina y las actualizaciones salariales, aunque se negocian en paritarias, no logran compensar plenamente la inflación acumulada.
El cambio de comportamiento también se refleja en el comercio. Comerciantes advierten una caída en la demanda de bienes no esenciales, un corrimiento hacia productos de menor precio y un incremento en el uso de tarjetas de crédito y compras en cuotas para consumos que anteriormente se realizaban al contado. Si bien esta tendencia no es nueva, se intensificó de manera notable a partir de 2025.
En este contexto, el endeudamiento familiar también modificó su lógica. Mientras que en el pasado estaba vinculado a proyectos de expansión, como mejoras habitacionales o emprendimientos, en la actualidad responde a la necesidad de cubrir gastos básicos. Así, el ahorro dejó de ser una herramienta de planificación para convertirse en una variable de ajuste frente a la caída de ingresos reales y el encarecimiento del costo de vida.

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