El debate que define el futuro de la Argentina: ¿Qué sectores sobrevivirán a la reconversión?
¿La apertura económica es el camino al desarrollo o una receta para el desempleo masivo? Cinco de los economistas más influyentes del país rompen el silencio y revelan los datos ocultos de la reconversión productiva. Lo que dicen sobre el tipo de cambio, el crédito y el futuro laboral de los argentinos te va a sorprender.
La economía argentina enfrenta su transformación más profunda en décadas, y cinco economistas de peso revelan los riesgos y oportunidades que nadie quiere ver. Con el cierre de fábricas emblemáticas y la pérdida de 60.400 puestos en la industria manufacturera entre noviembre de 2023 y 2025, el interrogante sobre cómo se generará empleo futuro divide a los especialistas. La apertura económica, el tipo de cambio y la falta de crédito son las piezas clave de un rompecabezas que define el destino de millones.
La consulta a expertos como Dante Sica, Marina Dal Poggetto y Daniel Schteingart expone las grietas del modelo. Para Sica, fundador de Abeceb, el país está en una “transición” donde cambia la renta intersectorial. Muchas empresas que prosperaban en una economía cerrada con señales distorsionadas hoy no pueden competir apenas se normaliza el mercado.
Dal Poggetto, de EcoGo, advierte sobre el costo social inicial de estos procesos. “Pasar de un esquema de economía cerrada… a uno abierto tiene costos”, señala, en referencia al aumento del desempleo. La clave, según su análisis, es si ese impacto es “manejable desde el lado de la política” y si viene acompañado de un crecimiento sostenido.
¿Se puede frenar la destrucción de empleo?
Un dato alarmante pone en jaque la transición: en 2025 la economía creció un 4.4%, pero se destruyó empleo formal, un fenómeno “totalmente inédito desde que hay series estadísticas”, según Daniel Schteingart de Fundar. Él acusa al Gobierno de abrir la economía “sin paracaídas”, priorizando la baja de impuestos a las importaciones sobre los que gravan la producción.
El tipo de cambio se erige como una herramienta de contención. Tanto Schteingart como Dal Poggetto coinciden en que abrir la economía con un dólar “atrasado” es peligroso. “Por ahí la desinflación es un poco más lenta, pero eso evita llevarse puesto a parte del entramado productivo”, argumenta Schteingart.
Sin embargo, Dante Sica resta dramatismo a este debate. Para él, la discusión sobre el tipo de cambio es de “segundo orden”. “La discusión es micro, de empresa. Hay que ser eficiente. Si el tipo de cambio sube a $1800, en un año se fue a precios”, sentencia, poniendo el foco en la competitividad y la escala.
¿De qué va a vivir el país mañana?
La pregunta del millón es qué sectores generarán los nuevos puestos de trabajo. Agustín Etchebarne, de Libertad y Progreso, es contundente: “La reconversión no es opcional, es estructural”. Para él, el motor del empleo serán los servicios, que en economías desarrolladas representan más del 70%. La economía del conocimiento, el entretenimiento, el turismo y los servicios profesionales globales figuran en su lista.
Jorge Vasconcelos, del Ieral, cree que la Argentina puede recuperar terreno en exportaciones industriales si se eliminan trabas como el cepo cambiario para personas jurídicas, que provoca “marcada volatilidad” en las tasas. También ve potencial en el agro y en actividades intensivas en gas natural.
Un obstáculo gigante que señalan todos es la falta de crédito. “En otros países, una empresa va al banco y financia su reconversión. Acá, depende del capital propio”, lamenta Sica. Esta restricción financiera, sumada a impuestos distorsivos que pesan un 8% del PBI y un tipo de cambio real apreciado, complica el “empalme de la estabilización al crecimiento”.
El consenso final entre los analistas es que el éxito depende de un crecimiento económico estable y sostenido, algo que la Argentina no ha logrado en décadas. La madre de todas las batallas, insertarse en el mundo sin dejar a millones en el camino, está más vigente que nunca.
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