El dato que preocupa a padres y docentes: ¿cuántos adolescentes participaron de retos virales en el último año?

El 25% de los adolescentes participó en retos virales el último año. ¿Qué perfil tienen los más afectados y cómo prevenirlo? Los detalles que no te contaron.

Por infotucuman · 27/06/2026 · min de lectura
El dato que preocupa a padres y docentes: ¿cuántos adolescentes participaron de retos virales en el último año?

Un estudio de la Universidad Austral reveló que el 25% de los adolescentes argentinos participó en al menos un reto viral durante el último año. La cifra enciende alarmas entre especialistas, que advierten sobre la relación entre estos desafíos y la vulnerabilidad emocional.

La investigación, publicada en la revista científica internacional Youth & Society, detalla que el 14% de los jóvenes realizó uno o dos desafíos, el 5% participó en tres o cuatro, y un 6% aseguró haber hecho cinco o más. Pero lo que más preocupa a los expertos no es la cantidad, sino el perfil de quienes repiten estas conductas.

¿Qué hay detrás de los retos virales?

Santiago Resett, investigador del CONICET y docente de la UADE, explicó a TN que el fenómeno tiene una fuerte raíz social. “Una de las cuestiones más llamativas fue observar la frecuencia con la que aparecen los retos virales y el fuerte efecto de contagio social que generan entre adolescentes”, señaló.

Según el especialista, muchos padres desconocen lo que consumen sus hijos en internet y asocian la seguridad solo al mundo físico. “Muchas veces están tranquilos porque su hijo está dentro de la casa con el celular, evitando los peligros del mundo offline. Pero el mundo online también tiene riesgos si no se supervisa”, advirtió.

El estudio identificó que el deseo de pertenencia es el principal motor. En un entorno donde la validación se mide en likes y reproducciones, la presión social puede empujar a conductas que en otras circunstancias no aparecerían. Resett aclaró que no se trata de un desafío aislado, sino de un perfil de mayor vulnerabilidad: impulsividad, búsqueda de sensaciones intensas, dificultades para regular emociones y una fuerte necesidad de aprobación externa.

Los riesgos físicos y digitales

Algunos retos implican peligros físicos evidentes, como privación del sueño, ingesta excesiva de alimentos o saltos peligrosos. Otros son menos visibles pero igual de preocupantes, como el oversharing: compartir información personal en exceso, lo que puede derivar en ciberbullying, grooming o extorsión.

Además, los investigadores encontraron que quienes hacen más retos presentan mayores niveles de depresión, aunque no hay una relación de causa y efecto directa. “Los retos virales no causan depresión. Lo que observamos es que algunas de estas conductas forman parte de un mismo perfil de vulnerabilidad digital y emocional”, explicó Resett.

El experto también mencionó que durante la adolescencia el cerebro aún está en desarrollo, y el córtex prefrontal —encargado del control de impulsos y la evaluación de riesgos— madura más tarde. Por eso muchos chicos actúan guiados por las emociones del momento, con la sensación de que “a mí no me va a pasar”.

Instagram y TikTok: ¿plataformas adictivas?

Resett señaló que Instagram y TikTok tienen características que las vuelven especialmente atractivas para los adolescentes: algoritmos que identifican contenido emocional, videos breves y un sistema de recompensas impredecibles. “Nunca se sabe cuál será el próximo reel interesante o cuántos likes recibirá una publicación. Esa incertidumbre favorece revisar constantemente la aplicación”, dijo.

Las interacciones funcionan como señales de aceptación social, una necesidad clave en la adolescencia. “Está documentado que el aumento de problemas de ansiedad y depresión en adolescentes coincide con la incorporación de funciones como los likes”, afirmó.

¿Cómo acompañar a los jóvenes?

Los especialistas coinciden en que la solución no pasa por prohibir, sino por acompañar. María Emilia Reale, licenciada en Educación, planteó que los adultos deben revisar sus propios hábitos digitales: “No podemos pedirles que se desconecten si nosotros estamos permanentemente pendientes de una pantalla”.

Entre las recomendaciones están establecer límites claros, conversar sobre los riesgos sin sermones y fomentar la “regla de los diez segundos”: antes de publicar, preguntarse si es seguro, si puede afectar a otros o si traerá consecuencias futuras. “Volver a mirar a los ojos, escuchar activamente y generar momentos compartidos sin pantallas es fundamental para la educación digital”, concluyó Reale.

Instagram y TikTok

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