El colapso silencioso: la estrategia que dejó a Cuba al borde del abismo y sin divisas
¿Cómo hace una familia cubana para comer cuando el Estado no tiene dólares? El impactante relato desde dentro de la isla que revela la verdadera estrategia de supervivencia en medio del colapso total.
La isla enfrenta una crisis económica sin precedentes, con sus principales fuentes de ingresos por el piso y una población que solo sobrevive gracias al dinero que llega desde el exterior. El bloqueo energético y financiero ordenado por la administración de Donald Trump ha sumido a Cuba en un “modo supervivencia” más profundo que el histórico “Período Especial”. Sin combustible, con el turismo colapsado y los servicios médicos en jaque, el gobierno de Miguel Díaz-Canel observa impotente cómo se evaporan las divisas.
¿Cómo sobrevive una familia en La Habana hoy?
Una vecina del barrio de Alamar, en el este de la capital cubana, lo resume con crudeza: “No pudiéramos haber sobrevivido sin su ayuda”. Su testimonio, recogido por TN, revela la realidad de millones. Con una jubilación de 2020 pesos cubanos (poco más de cuatro dólares en el mercado negro) y un negocio de alquiler de habitaciones sin clientes, su salvación son los familiares emigrados. “En casi todas las casas hay emigrantes y siempre algo mandan”, confiesa, un relato que se repite en cada esquina de la isla.
La crisis es inédita en su profundidad. No se trata solo de la emergencia social visible –basura acumulada, transporte paralizado, apagones masivos– sino del derrumbe estructural de una economía ya pauperizada desde hace más de tres décadas. Los cinco pilares que históricamente sostuvieron la entrada de dólares se resquebrajan simultáneamente.
Los cinco pilares en ruinas
El turismo, otrora motor clave, está en terapia intensiva. Patricia, dueña de un hostal en el barrio del Vedado (su nombre real es preservado), trabaja al “5 o 10%” de su capacidad. “Nos cancelaron grupos por falta de vuelos”, explica. El sector, que emplea a 300.000 personas, vio caer sus ingresos un 70% entre 2019 y 2025. El año pasado solo llegaron 1,8 millones de visitantes, muy lejos de la meta oficial de 2,6 millones.
La exportación de servicios médicos, una mina de oro que reportó 7.000 millones de dólares en 2025, está bajo asedio. Unos 24.000 profesionales cubanos trabajan en 56 países, con 13.000 en Venezuela, un mercado ahora incierto tras la captura de Nicolás Maduro. El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, califica este sistema de “esquemas de trabajo forzado”, y la presión de Washington ya logró que países como Guatemala suspendieran los contratos.
Las remesas, el salvavidas de las familias, encuentran caminos tortuosos. Con los canales formales como Western Union virtualmente cerrados, el dinero y la ayuda en especie llegan a través de “mulas” que viajan diariamente desde Miami. “Hay plataformas en Estados Unidos que envían comida a Cuba. Se paga por una pierna de puerco, arroz, pollo y frijoles desde Miami y en menos de 48 horas se entrega”, detalla un exasesor económico del gobierno cubano. El año pasado, los privados importaron mercaderías por 2.600 millones de dólares. “El Estado no vende dólares. ¿De dónde salió ese efectivo?”, se pregunta.
Incluso los emblemáticos habanos, símbolo mundial, sufren. Las ventas fueron de 827 millones de dólares en 2024, pero sin petróleo no se puede levantar la cosecha ni regar los campos. Se canceló el prestigioso Festival del Habano, que cada año reportaba millones al sistema de salud.
El golpe final lo dio la minería. La canadiense Sherritt anunció la suspensión de sus operaciones en la isla a partir de la próxima semana debido al bloqueo de combustible. Sus minas de níquel y cobalto, fundamentales para baterías, generaban unos 500 millones de dólares anuales. Trump busca “ahogar las fuentes de divisas” y no duda en amenazar con aranceles a cualquier país que envíe crudo a Cuba.
Una isla al límite
El cerco se estrecha cada día más. Muchos congresistas cubanoamericanos exigen ahora la cancelación de los vuelos directos entre Florida y la isla, el último conducto que mantiene un hilo de oxígeno económico. La estrategia es precisa y su efecto, devastador. La crisis supera ya a la que siguió a la caída de la Unión Soviética.
Más de seis décadas después del triunfo de la Revolución, Cuba se encuentra en su punto más frágil. La pregunta que flota en el aire caribeño ya no es cómo se reactivará la economía, sino cómo logrará la población, día a día, seguir encontrando la forma de burlar el bloqueo para poner un plato de comida en la mesa. El modo supervivencia está activado, y no parece haber un botón de apagado a la vista.
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