El alarmante fenómeno que ya transforma el norte argentino y amenaza la salud de todos
El decano de la UNT reveló un cambio radical en el clima que traerá enfermedades nunca antes vistas. ¿Está preparado el sistema de salud?
Tucumán atraviesa un proceso de “tropicalización” que llegó para quedarse y que implicará una mayor presencia de enfermedades transmitidas por mosquitos, como dengue, chikungunya y eventualmente zika. Así lo advirtió el decano de la Facultad de Medicina de la UNT, Mateo Martínez, quien alertó sobre el impacto del cambio climático en la salud pública del norte argentino.
El especialista explicó que el aumento sostenido de las temperaturas, la humedad y los cambios en el ambiente están generando condiciones propicias para la proliferación de vectores. La provincia está dejando de ser una zona subtropical para transformarse en una región con características tropicales, lo que tendrá consecuencias sanitarias directas en los próximos años.
¿Cuáles son los principales riesgos para la salud?
Martínez indicó que el impacto del cambio climático en la salud es múltiple. Por un lado, mencionó los efectos del calor extremo, que pueden provocar desde malestar hasta cuadros graves como golpes de calor o deshidratación, especialmente en poblaciones vulnerables. Además, advirtió sobre el incremento de enfermedades transmitidas por mosquitos, que ya muestran un crecimiento marcado en Tucumán.
El decano también subrayó que las altas temperaturas y la humedad generan complicaciones cardiovasculares y respiratorias, aumentando el riesgo de infartos y accidentes cerebrovasculares. A esto se suma un deterioro general del bienestar cotidiano, con jornadas en las que el calor dificulta el desarrollo normal de actividades.
Chikungunya y otras enfermedades esperables
En relación al chikungunya, Martínez consideró que su aparición y expansión en la provincia era esperable dentro de este escenario. Explicó que factores como la urbanización desordenada, el crecimiento del parque automotor y los cambios en el uso del suelo favorecen la reproducción del mosquito Aedes aegypti, vector de varias enfermedades virales.
Asimismo, advirtió que estas patologías no deben subestimarse. Señaló que el dengue puede derivar en cuadros graves e incluso mortales, mientras que el chikungunya, aunque suele presentarse de forma más leve, forma parte de un mismo fenómeno que podría incluir al zika, enfermedad que en otros países ha generado complicaciones severas.
Un proceso que durará décadas
En cuanto al futuro sanitario del NOA, el especialista sostuvo que el proceso de tropicalización continuará durante décadas, incluso si se adoptaran medidas ambientales de manera inmediata. En ese contexto, anticipó que enfermedades como el dengue podrían consolidarse como endémicas, mientras que otras, como el chikungunya o el zika, podrían expandirse. También mencionó la fiebre amarilla como un riesgo potencial que podría reabrir el debate sobre la vacunación obligatoria.
Martínez planteó que este escenario no solo tendrá consecuencias médicas, sino también sociales y económicas. Indicó que el cambio climático puede generar problemas en el acceso al agua, afectar la producción agrícola y comprometer la seguridad alimentaria. En ese sentido, sostuvo que se trata de un problema integral que requiere planificación urbana, regulaciones ambientales y cambios en el uso de los recursos.
El decano remarcó además que el fenómeno profundiza las desigualdades sociales, ya que los sectores más vulnerables son los que enfrentan mayores dificultades para adaptarse a las condiciones climáticas extremas y, al mismo tiempo, tienen más riesgo de enfermarse.
Finalmente, señaló que el sistema de salud deberá adaptarse a este nuevo contexto, con profesionales capacitados en enfermedades propias de regiones tropicales y con una mirada integral que vincule la salud humana, animal y ambiental. Según advirtió, sin un abordaje conjunto, el escenario tenderá a agravarse y a impactar cada vez más en la vida cotidiana de la población.
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