El ajo y su promesa: un estudio en ratones sugiere que podría alargar la vida y mejorar su calidad
Estudio del CSIC en ratones halla que compuestos del ajo retrasan el envejecimiento y aumentan la esperanza de vida. Científicos piden cautela antes de aplicar resultados en humanos.
Una investigación científica liderada por el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España ha descubierto que compuestos presentes en el ajo podrían retrasar efectos del envejecimiento y aumentar la esperanza de vida. El estudio, realizado en ratones macho, tanto jóvenes como de edad avanzada, abre una puerta prometedora para futuros tratamientos que mejoren la calidad de vida durante la vejez. Los científicos advierten que, aunque los resultados son alentadores, es necesario seguir investigando antes de extrapolar las conclusiones a los humanos.
La investigación, publicada el 15 de enero de 2026, se centró en moléculas específicas llamadas dialil sulfurados, que se encuentran en el ajo, la cebolla y los puerros. Estas moléculas demostraron capacidad para retrasar múltiples efectos negativos asociados al envejecimiento en los roedores estudiados.
Más allá del sabor: propiedades ya conocidas
El ajo, un condimento fundamental en muchas cocinas, no es nuevo en el ámbito de la salud. Históricamente se le han atribuido propiedades curativas, y la ciencia moderna ya había analizado sus efectos antioxidantes, antivirales, antimicrobianos y antifúngicos.
También se ha estudiado su potencial para reducir la hipertensión y el colesterol, además de actuar como modulador del sistema inmune. Este nuevo hallazgo sobre la longevidad se suma a esa extensa lista de beneficios terapéuticos investigados.
Un perfil nutricional valioso
Según datos de la Fundación Española de Nutrición, el ajo posee un alto valor nutritivo con muy pocas calorías: aproximadamente 42 por cada 28 gramos. Su olor característico proviene de la aliína, una sustancia que se transforma en disulfuro de alilo.
Entre sus componentes destacan una variedad de antioxidantes, vitamina C, vitamina B6, manganeso, yodo, fósforo y potasio. Pertenece a la familia de las liliáceas, al igual que las cebollas y los puerros, y su bulbo, formado por dientes, germina bajo tierra.
Resultados prometedores y cautela científica
María Ángeles Cáliz Molina, primera autora del trabajo e investigadora del CSIC en el Centro Andaluz de Biología Molecular y Medicina Regenerativa (Cabimer), explicó la relevancia del estudio. “La evidencia nos dice que estos mecanismos, presentes tanto en animales como en humanos, son clave para vivir más tiempo y con una mejor calidad de vida”, señaló.
Sin embargo, fue enfática en la prudencia: “Es necesario seguir investigando antes de extrapolar estos resultados a personas”. En los ratones, las moléculas también produjeron mejoras en modelos de alteraciones como el alzhéimer, la sarcopenia y la diabetes.
Un camino largo por delante
Alejandro Martín-Montalvo, autor sénior del trabajo, coincidió en la necesidad de más investigación. “Los resultados son prometedores y el hecho de que se trate de compuestos de origen natural que ya forman parte de la dieta es un punto a favor”, afirmó el científico.
No obstante, advirtió sobre el trabajo futuro: “Aún tenemos mucho trabajo por delante para llegar a conocer el potencial real de estos compuestos en la mejora de la salud humana. Es necesario seguir investigando, tanto en modelos animales como en humanos, antes de poder recomendar su uso”. El estudio marca un horizonte interesante en la búsqueda científica de una vida más larga y saludable.
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