El ADN bajo la uña de Paulina Lebbos: la clave que sigue sin respuesta tras 18 años

Tras 18 años, el juicio confirmó que Paulina Lebbos fue estrangulada. Pero hay una prueba que desconcierta a todos: el ADN hallado bajo su uña no coincide con ninguno de los acusados. ¿A quién pertenece entonces? Los detalles de la investigación que tuvo fallas clave.

Por infotucuman · 25/03/2026 · min de lectura
El ADN bajo la uña de Paulina Lebbos: la clave que sigue sin respuesta tras 18 años

La séptima audiencia del histórico juicio por la muerte de Paulina Lebbos confirmó lo que muchos sospechaban: la joven fue asesinada por estrangulamiento. Sin embargo, a casi dos décadas del crimen, una prueba clave permanece como un enigma. El ADN hallado bajo una de sus uñas no coincide con ninguno de los once sospechosos analizados, incluidos los dos hombres que hoy están en el banquillo.

El juicio, que comenzó el 3 de marzo, tiene en el centro a César Soto, expareja de Paulina, acusado como presunto autor del homicidio. Junto a él está imputado Sergio Kaleñuk, señalado por su presunta colaboración en el ocultamiento del cuerpo. Esta es la primera vez que la Fiscalía sostiene una hipótesis centrada en el homicidio, más allá del encubrimiento por el que ya hubo más de diez condenados.

¿Qué reveló la escena del crimen?

La bioquímica Lilia Moyano, quien intervino en el lugar del hallazgo el 11 de marzo de 2006, describió una escena desordenada. Recordó que el cuerpo de Paulina estaba en un matorral al costado de la ruta 341, en Tapia. “Se notaba que le faltaba el cuero cabelludo”, declaró ante el tribunal.

El cadáver, que llevaba varios días en el lugar, presentaba signos de acción animal. Le faltaban falanges de dedos, el pie izquierdo y, como ya se mencionó, el cuero cabelludo. “El cuerpo estaba de costado, con los brazos hacia atrás, con las piernas extendidas. Estaba sobre la tierra. Tenía puesto una pollera, remera, cancan y sin calzado”, detalló Moyano.

Durante su intervención, se levantaron muestras clave: hisopados, pelos encontrados en la mano derecha y en la ropa, y larvas de fauna cadavérica. Un dosaje reveló que Paulina tenía 1,56 gramos de alcohol en sangre al momento de su muerte.

Las oportunidades perdidas y las marcas en el cuello

El testimonio de Moyano puso el foco en lo que ella consideró fallas en la investigación inicial. Aseguró que los dos primeros fiscales a cargo, Alejandro Noguera y Carlos Albaca, no solicitaron análisis cruciales en su momento.

“Los estudios genéticos debían hacerse en el momento y no esperar a que hubiera sospechosos. Pasaron siete años entre la sugerencia de enviar el material a un laboratorio y cuando finalmente se mandó”, afirmó. Incluso, según su relato, muestras de pelos y la fauna cadavérica no fueron enviadas para su estudio o no fueron utilizadas.

Pero su observación más contundente fue sobre las marcas en el cuerpo. “Por mi experiencia vi que había rastros de tres dedos en el cuello”, declaró, reforzando la hipótesis del estrangulamiento. Además, reveló que en las muestras originales “había ADN de dos personas y un perfil detectado”, pero que estas se degradaron o contaminaron, imposibilitando su análisis.

La autopsia que confirmó la asfixia

La médica forense Rita Luna Urrejola, quien practicó la primera autopsia, no tuvo dudas al declarar. “Encontramos huellas de presión en el cuello, que pueden haber sido de dedos, compatible con asfixia mecánica”, sentenció. Su peritaje descartó otras hipótesis que circularon por años, como la muerte por un golpe, una sobredosis o un atropello.

Las marcas de estrangulamiento eran tan evidentes que, según los testimonios, se mantuvieron visibles incluso semanas después del crimen.

La prueba de ADN que no lleva a nadie

Quizás el momento más crucial de la audiencia llegó con la declaración de la bioquímica Cristina Daives. Ella detalló los estudios genéticos realizados años después sobre una uña y cabellos de Paulina. Las muestras capilares no pudieron analizarse debido a su estado de degradación.

Sin embargo, de la uña se logró extraer un perfil de ADN. Este fue cotejado con las muestras de once sospechosos, incluyendo a César Soto y Sergio Kaleñuk. El resultado fue contundente: no hubo coincidencias.

Este hallazgo dejó abierto el interrogante central de la causa. No se pudo determinar si el ADN pertenecía a la propia Paulina o a un tercero. Tampoco se sabe si ese material genético corresponde al autor del crimen. Es una pista que podría ser crucial, pero que, hasta ahora, no conduce a ninguna parte.

El juicio continúa con la promesa de más testimonios, mientras la familia de Paulina Lebbos y la sociedad tucumana esperan que, después de 18 años, la justicia logre responder la pregunta que aún resuena: ¿quién la mató?

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