Desesperación en el corazón lácteo: La lucha que mantiene en vilo a cientos de trabajadores
Tres meses sin sueldo, fábricas tomadas por la maleza y una deuda que asciende a miles de millones. ¿Hasta cuándo podrán resistir los empleados de esta empresa láctea mientras los dueños y el sindicato no dan respuestas?
La crisis en Lácteos Verónica se profundiza sin que se vislumbre una salida, dejando a 700 empleados sin cobrar desde diciembre y con las fábricas literalmente abandonadas. Mientras los directivos de la familia Espiñeira faltan a las audiencias de conciliación, la desesperación lleva a los trabajadores a acampar en las plantas y a cortar rutas, en una protesta que también pone en la mira al propio sindicato.
Este lunes, la Ruta Nacional 34 a la altura del acceso a Lehmann, Santa Fe, fue escenario de cortes intermitentes. Entre 300 y 400 personas, entre trabajadores y sus familias, se congregaron para visibilizar una situación límite. “Estamos haciendo todo para que estos herederos delincuentes tomen una decisión”, expresó con crudeza Ricardo Villarroel, empleado de la planta de Lehmann.
¿Dónde están los dueños de la empresa?
La protesta se intensificó al conocerse que, en paralelo, los directivos de la empresa faltaron a una audiencia en la Secretaría de Trabajo de la Nación. Solicitaron postergar el encuentro, argumentando que están trabajando en una solución, por lo que una nueva reunión fue convocada para este martes al mediodía.
La desconfianza es total. Desde mediados de enero, las tres plantas industriales (Lehmann, Clason y Suardi) se encuentran totalmente paralizadas, sin recibir leche y, por ende, sin producir. Un trabajador de Clason describió el panorama: “Está todo parado totalmente, hace dos meses que no va nadie: los pastos altos, las máquinas todas oxidadas. Es una fábrica abandonada”.
Críticas al sindicato y lucha por la supervivencia
La desazón no solo apunta a los dueños. Los trabajadores también cargan contra la conducción nacional de la Asociación de Trabajadores de la Industria Láctea (Atilra). Villarroel fue directo: “Yo creo, y esto a título personal, que hoy ya es parte del problema. No nos está representando, no nos está dando respuestas como realmente debería darnos”.
Con tres sueldos impagos y el medio aguinaldo, la subsistencia se volvió una odisea diaria. Los empleados relatan que deben recurrir a “changas”: vender milanesas, trabajar de remis o cortar el pasto. “Yo hoy me conformo con ganarme el manguito para poder comprar la carne – que es un lujo ya – para que coman mis hijas”, confesó el trabajador de Clason, quien pidió mantener su anonimato.
La magnitud del impacto económico es brutal: se estima que unos $300 millones dejaron de circular mensualmente en las localidades desde que la crisis estalló.
Un futuro sombrío y deudas millonarias
Las señales en las plantas no son alentadoras. Otro empleado de Lehmann reportó que recientemente fueron a cortar los servicios de gas e internet, y se espera el corte de la energía eléctrica. “Esperamos que esta gente tome la decisión que sea buena para todos: que venda la empresa y que venga a alguien a reactivarla, porque ya estamos al límite del colapso”, imploró.
La situación financiera de Lácteos Verónica es gravísima. Según datos del Banco Central, la empresa lleva emitidos 3.896 cheques sin fondo por un monto cercano a los $13.626 millones. A esta deuda se le suma un adeudo con tamberos estimado en 60 millones de dólares y obligaciones con otros proveedores.
La esperanza ahora está puesta en la audiencia de este martes. “Tenemos esperanza de que una vez por todas se dignen los herederos de Espiñeira a darnos una respuesta, inclusive ya humana”, dijo Villarroel, advirtiendo que, de no haber soluciones, se verán obligados a “agudizar la lucha y las acciones”. La paciencia y los recursos de cientos de familias están al borde del agotamiento.

“Las fábricas están abandonadas, aseguran los trabajadores.
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