Denunció a un pastor por abuso, lo condenaron y luego desapareció: ¿qué pasó con Mariela Campos?
Denunció a un pastor evangélico, logró su condena y luego se esfumó. Ahora, su familia sospecha que algo más oscuro se esconde detrás de su desaparición.
Mariela Campos, madre de dos hijos, fue vista por última vez en septiembre de 2024 en Misiones. Su testimonio fue clave para condenar al pastor evangélico Baldomiro Runge a 18 años de prisión por abusar de menores en el Hogar Esperanza. Ahora, su desaparición genera más preguntas que respuestas.
¿Quién denunció primero?
Según el expediente, la primera denuncia por la desaparición no la hizo su esposo, Leopoldo DS, sino una amiga que vive en Comodoro Rivadavia. Alarmada, radicó la denuncia en Chubut el 4 de enero de 2025. Recién dos días después, Leopoldo se presentó en Misiones.
Leopoldo aseguró que la última vez que vio a Mariela fue el 11 de septiembre de 2024, cuando ella salió temprano y nunca regresó. Justificó la demora diciendo que su esposa ya se había ausentado antes. Pero la amiga fue contundente: “No se entiende por qué tardó cuatro meses en recurrir a las autoridades. Yo le dije que debía denunciar; si no, tal vez nunca lo hubiera hecho”, declaró a El Territorio.
Además, la amiga reveló contradicciones en las fechas y afirmó que Leopoldo dijo que Mariela le había dejado sus bienes y la custodia de los hijos antes de irse. Otro dato inquietante: en 2020, Leopoldo DS había sido denunciado por abuso sexual en el Juzgado de Instrucción Tres de San Vicente.
Una investigación con pocos avances
El caso pasó al Juzgado Federal de Oberá como “averiguación de delito” con sospecha de trata de personas (expediente 41/2025). Sin embargo, la investigación está estancada y la difusión oficial fue mínima. Paradójicamente, la búsqueda tuvo más repercusión en Comodoro Rivadavia que en San Vicente, donde desapareció.
El testimonio que condenó al pastor
Mariela fue entregada al Hogar Esperanza a los dos años y allí sufrió abusos por parte de Runge. Durante el juicio en 2022, relató: “Nos tocaba por debajo de las polleras, nos besaba y manoseaba los pechos en cualquier lugar. Y más cuando orábamos, porque cerrábamos los ojos. Nos hacía cerrar los ojos para rezar y aprovechaba para manosearnos”. También denunció presiones para retirar la acusación, incluso ofreciéndole una camioneta.
Hoy, casi dos años después de su desaparición, nadie sabe dónde está Mariela. Mide 1,66 metros, tiene cabello castaño, ojos marrones claros, un tatuaje de mariposa amarilla y naranja en la nuca, otro de una rosa roja con una vaquita de San Antonio en la cadera y un piercing en el ombligo.
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