De cocinar para 400 obreros a representar a la Argentina en la Copa del Mundo de la gastronomía

El chef Eliel Buttice pasó de gestionar el comedor de una fábrica a ganar la clasificación argentina del Bocuse d’Or. Representará al país en la instancia americana, con el sueño de llevar a Argentina al top 10 mundial de gastronomía.

Por infotucuman · 20/12/2025 · min de lectura
De cocinar para 400 obreros a representar a la Argentina en la Copa del Mundo de la gastronomía

Un chef santafesino que se formó en la exigente cocina fabril ganó el derecho de competir por un lugar en el prestigioso Bocuse d’Or. Su historia de sacrificio y un giro profesional inesperado sirven de inspiración para la comunidad gastronómica tucumana, demostrando que los caminos al éxito pueden ser diversos.

Eliel Buttice, de 32 años, experimentó una transformación radical en los últimos seis meses. Pasó de ser el responsable del comedor de una fábrica en Santa Fe a convertirse en el *sous chef* de Presencia, uno de los restaurantes más sofisticados de Buenos Aires en 2025. Su mayor logro, sin embargo, fue ganar la competencia argentina del Bocuse d’Or en octubre, celebrada en el Instituto Argentino de Gastronomía.

El camino hacia la élite mundial

Este triunfo le otorga el pase a la instancia americana del certamen, que se realizará en Nueva Orleans. Allí, competirá por uno de los cinco lugares disponibles para la gran final en Lyon, Francia, en 2027. Buttice es consciente del desafío: “Hay que ser realista, en países como Francia o Dinamarca, los chicos a los 15 años ya quieren ser Bocuse y se preparan desde entonces”.

Su ambición va más allá de clasificar. “Mi sueño es meter a Argentina entre los 10 primeros del mundo, para que el país vuelva a tomar fuerza en esta competencia”, confesó el chef a Clarín. En los 38 años de historia del concurso, la Argentina solo ha llegado a la final en seis ocasiones, con el mejor puesto siendo un sexto lugar logrado por Diego Gera en 2001.

La escuela invisible: la cocina fabril

Hasta el año pasado, la realidad de Buttice era completamente distinta. Su día a día consistía en la compleja logística de alimentar a entre 300 y 400 operarios en una hora y media por turno, en plantas que nunca paran. Trabajó para empresas como Pampa Energía, Oil Combustibles, Renova, Cargill, Vicentin y Liliana Electrodomésticos.

“La gente que come en el comedor de fábrica no va por elección, va porque es el único lugar que tiene en el trabajo para almorzar o cenar”, explicó. Su misión era lograr que el trabajador saliera satisfecho, priorizando cantidad y calidad en platos como milanesas con puré. Junto a su entonces jefe, Emiliano Dutra, incluso implementaron un menú estacional que fue un éxito.

Un salto de fe y una oportunidad

El punto de inflexión llegó cuando, buscando un nuevo desafío, decidió probar suerte en la gastronomía gourmet. Envió su currículum a varios lugares, incluido el del chef Rodrigo da Costa, de Presencia, a quien admiraba por su técnica. Da Costa hizo una elección arriesgada: contrató como su mano derecha a alguien sin experiencia en restaurantes de alta gama, pero con una formación única.

Fue el propio Da Costa quien lo impulsó a postularse para el Bocuse d’Or, oficiando como su coach. El entrenamiento fue intenso: “Es sacrificio, levantarse temprano, y seguir trabajando en el restaurante. Dormíamos tres o cuatro horas y entrenábamos a la mañana bien temprano”, relató Buttice. Ensayaron el plato ganador –a base de trucha, pan brioche, huacatay y un ragú de calamar– 14 veces en menos de un mes.

Los cimientos de una vocación

La historia de Eliel con la cocina comenzó en San Lorenzo, Santa Fe, inspirado por los recuerdos de su abuela Anita, a quien describen como una persona que “unía con la comida”. A los 15 años supo que quería ser chef, una elección poco común en una zona agroindustrial. Sus grandes aliados fueron sus amigos del barrio, quienes lo impulsaban a cocinar en los encuentros de fin de semana.

Sin recursos, iba al cyber del pueblo a buscar recetas en Internet. Estudió gastronomía en Rosario y, tras un breve paso por un club, inició su extensa trayectoria en el mundo fabril, que hoy considera un “entrenamiento gigante”. Esa base, combinada con su talento y esfuerzo, lo llevó a donde está hoy. “En seis meses me cambió la vida”, concluye, listo para el próximo desafío en Nueva Orleans.

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