Cuando en Tucumán una identidad empieza a incomodar a los adultos
Un psicólogo marca el punto exacto donde deja de ser un juego y muchos miran distinto.
Algo está cambiando en la forma en que los más jóvenes deciden quiénes son, y la respuesta no siempre está en el espejo.
En los últimos días, imágenes y convocatorias difundidas en redes sociales han puesto sobre la mesa un fenómeno que genera tanto curiosidad como debate en la provincia. Se trata de personas, muchas de ellas jóvenes, que expresan una identificación profunda con animales.
Para entenderlo desde una perspectiva profesional, LV12 consultó a Mario Haro Almerico, licenciado y máster en Psicología con más de dos décadas de experiencia como psicoterapeuta y docente universitario.
¿Es un trastorno psicológico?
El especialista fue claro al diferenciar esta vivencia de una patología. Explicó que se trata de una vivencia subjetiva de identificación, donde las personas saben perfectamente que son seres humanos y no pierden el contacto con la realidad.
“Desde la psicología clínica no podríamos hablar, hablando en general, de un trastorno de personalidad, porque no hay una pérdida de contacto con la realidad”, afirmó Haro Almerico.
Según su análisis, quienes se identifican como “therians” reconocen su condición humana, pero expresan una conexión simbólica con ciertos animales, como perros o lobos, adoptando lo que para ellos representan los valores o características de esa especie.
Un espectro de experiencias
El psicólogo señaló que dentro de este fenómeno existen distintos niveles. “Hay personas que lo asumen como un juego, algo lúdico, incluso como un disfraz. Eso también existe”, indicó. En otros casos, la identificación es más profunda, pero siempre dentro de un marco simbólico.
Comparó este movimiento con otras expresiones juveniles históricas, como los “emos” o distintas tribus urbanas, donde la necesidad de pertenencia y la construcción de vínculos con pares son fundamentales, especialmente durante la adolescencia.
“La cohesión grupal otorga un sentido de pertenencia que fortalece identidades que no siempre están del todo sólidas”, explicó el especialista, refiriéndose a una sociedad que muchas veces se percibe como fragmentada.
El límite con la salud mental
Haro Almerico marcó una línea clara: el problema surge cuando esa vivencia subjetiva comienza a perturbar la relación con la realidad. “Cuando la persona no se reconoce como ser humano, ahí ya estamos hablando de un fenómeno psicopatológico que requiere consulta y tratamiento”, advirtió.
Sin embargo, aclaró que este no es el caso de la mayoría. “Detrás de un video o una imagen, en la vida cotidiana, suelen ser personas perfectamente normales, adaptadas, con sus propios intereses”, concluyó el psicólogo, invitando a una mirada menos alarmista y más comprensiva sobre estas nuevas formas de identidad que emergen en Tucumán.
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