Crisis en Cuba: el régimen se desmorona entre apagones y un éxodo masivo

La isla se hunde en apagones de 20 horas y una fuga masiva de su juventud. ¿Está preparado el régimen para el colapso o solo unos pocos “silovikis” cubanos se repartirán los restos? Entrá y conocé los nombres que ya suenan para una transición incierta.

Por infotucuman · 13/02/2026 · min de lectura
Crisis en Cuba: el régimen se desmorona entre apagones y un éxodo masivo

La isla vive una pesadilla distópica con cortes de luz de 20 horas y una fuga de población sin precedentes, mientras la estrategia de asfixia de EE.UU. y la burocracia senil local aceleran una descomposición que nadie sabe cómo terminará. El panorama reedita, de forma más brutal, el colapso que siguió a la caída de la Unión Soviética.

La administración de Donald Trump ha implementado un bloqueo de estilo militar que estrangula el ingreso de petróleo a Cuba, utilizando su influencia sobre Venezuela. Este cerco no solo acorrala a la dirigencia castrista, sino que arrasa con servicios esenciales como hospitales, escuelas y plantas de tratamiento de agua, afectando con mayor crudeza a los sectores más vulnerables.

¿Un nuevo “Periodo Especial”?

En algunas zonas, los apagones rutinarios se extienden por 20 horas diarias, forzando a la población a cocinar con leña y a movilizarse a pie o a caballo. Este colapso se profundiza con la caída del turismo, la principal fuente de ingresos del país, que el año pasado registró una baja del 18% respecto a 2024.

La crisis estructural reedita de modo agravado el “Periodo Especial” de los años 90, cuando la pulverización del 40% del PIB cubano tras la caída de la URSS. Sin embargo, los analistas señalan que hoy el proceso se repite sin el valor simbólico de entonces y con una dirección política considerada mucho más limitada y mediocre.

Responsabilidades compartidas

La decadencia no se explica solo por la agresiva estrategia de la Casa Blanca, que cataloga a Cuba como “una amenaza extraordinaria para su seguridad nacional”. La dirigencia de la isla carga con vastas responsabilidades por no haber modificado a tiempo su paradigma, a diferencia de los modelos renovadores implementados por China o Vietnam.

Quedó atrapada en el rigor de una burocracia estalinista senil que saboteó las iniciativas aperturistas. Incluso durante el “deshielo” de la era Obama, estos sectores encontraron complicidad en el primer mandato de Trump, quien apagó el brote transformador que insinuaba un debate político y la creación de una clase media.

La oportunidad perdida de Raúl Castro

Se sabe que una parte del régimen, encabezada por Raúl Castro, observaba con interés el proceso de modernización de Vietnam, el Doi Moi. No obstante, los comunistas de La Habana demoraron once años en convocar al Congreso que debía impulsar esas reformas, y cuando lo hicieron en abril de 2011, las trabas burocráticas ya habían hundido el proceso.

El cambio implicaba la jubilación de los líderes fundadores y el fin de sus privilegios. La designación de Miguel Díaz-Canel, un dirigente percibido como débil y sin impronta modernizadora, es interpretada por analistas como el reconocimiento de una derrota o una profunda desconfianza en la posibilidad de transformar al país.

El éxodo masivo y la dependencia energética

La protesta masiva de julio de 2021 contra el ajuste económico fue sofocada con castigos penales extraordinarios, pero funcionó como una alerta nítida de la decadencia del régimen. No sorprende, entonces, el éxodo masivo: hasta un 18% de la población ha abandonado Cuba en los últimos tres años, siendo los jóvenes y los sectores más dinámicos los que mayoritariamente emigran.

La dependencia energética es crítica. Cuba necesita 100.000 barriles diarios de petróleo y solo produce 30.000 en sus yacimientos de la Franja Norte, en Matanzas. El resto provenía de Venezuela, Rusia y México, pero el bloqueo norteamericano impide ahora el envío de crudo a la isla.

¿Quién podría liderar una transición?

Las consecuencias abren incógnitas inquietantes. Si el régimen cae, lo hará sin una red de contención. A diferencia de Venezuela, en Cuba no hay partidos políticos opositores con ejercicio real de militancia, ni figuras visibles que puedan controlar una transición negociada al estilo que parece preferir el trumpismo.

En este escenario, algunos nombres comienzan a sonar con fuerza. Uno es el de Oscar Pérez-Oliva Fraga, sobrino nieto de Fidel Castro, quien en solo 22 meses escaló a Viceprimer ministro y fue designado diputado, pavimentando su camino hacia una posible presidencia. Tiene 54 años y evita usar el apellido Castro para, según se afirma, “reducir el desgaste simbólico”.

También se observa a los generales del conglomerado estatal GAESA (Grupo de Administración Empresarial), un legado de Raúl Castro. Esta corporación, controlada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), captura hasta el 40% de la renta de la isla y domina sectores claves como telecomunicaciones, turismo, comercio minorista en divisas y la Zona Especial del puerto de Mariel.

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