Confusión y polémica tras el bombardeo de EE.UU. contra objetivos del ISIS en Nigeria
El bombardeo de EE.UU. en Nigeria, justificado por Trump como respuesta a un “genocidio cristiano”, es cuestionado por analistas y testimonios locales que revelan un escenario complejo y dudan de los blancos atacados.
Una oleada de misiles estadounidenses contra supuestos bastiones terroristas en Nigeria ha generado más dudas que certezas. Expertos y testimonios locales contradicen la justificación de “genocidio cristiano” esgrimida por el presidente Donald Trump, revelando un escenario de violencia complejo y una operación cuyos blancos reales son cuestionados.
La administración del presidente Donald Trump ordenó el lanzamiento de más de una docena de misiles Tomahawk contra el estado nigeriano de Sokoto durante la noche del jueves. La acción militar fue presentada como una respuesta necesaria ante los ataques de una banda local afiliada al grupo terrorista Estado Islámico (ISIS), a la que Trump acusa de perpetrar un genocidio contra la comunidad cristiana del país. Sin embargo, esta narrativa choca frontalmente con la realidad sobre el terreno descrita por analistas, autoridades religiosas y residentes.
Un blanco en entredicho
El estado de Sokoto, epicentro del ataque, es una región mayoritariamente musulmana que, lejos de ser un foco de persecución religiosa contra cristianos, sufre en carne propia la violencia de grupos insurgentes. El obispo Matthew Hassan Kukah de Sokoto ha declarado públicamente que la zona “no tiene problemas de persecución” de cristianos. Los informes preliminares indican que los misiles impactaron en las afueras de la ciudad de Jabo, un área que, según varios especialistas, no albergaba campamentos terroristas ni de bandidos.
Shafi’u Aliyu Jabo, un residente de 35 años, relató el momento del bombardeo: “Oímos un estruendo como el de un avión, que venía del oeste de la ciudad y se dirigía hacia el este. Luego se escuchó un sonido como de sirena, seguido de una potente fuerza aérea que casi nos voló los techos de las casas”. Los vecinos que acudieron al lugar encontraron munición y una cabaña incendiada, pero no víctimas ni indicios de presencia yihadista.
La incógnita de los “Lakurawa” y sus vínculos con el ISIS
La identidad del grupo objetivo, conocido coloquialmente como los Lakurawa, es un rompecabezas para los analistas. Algunos expertos sostienen que estos violentos atacantes, activos durante años en Sokoto, mantienen conexiones con la rama del ISIS en el Sahel, que opera en Malí, Níger y Burkina Faso. No obstante, otros investigadores consideran que las pruebas de dicha afiliación son poco concluyentes.
La fluidez y la falta de alianzas ideológicas sólidas caracterizan a estos grupos. “Hay mucha fluidez y pocas alianzas ideológicas”, declaró Alkasim Abdulkadir, portavoz del ministro de Asuntos Exteriores de Nigeria, Yusuf Tuggar, en referencia a los Lakurawa. Su evolución, de combatir a bandidos locales a atacar a la población rural, añade más capas de complejidad a un conflicto que Trump ha simplificado bajo la etiqueta de persecución religiosa.
La complicidad estratégica del gobierno nigeriano
A pesar de que las autoridades nigerianas han rechazado públicamente la caracterización de “genocidio” hecha por Trump, han optado por una cooperación táctica con Washington. El gobierno del presidente Bola Ahmed Tinubu no solo aprobó los bombardeos tras una llamada entre el canciller Marco Rubio y su homólogo nigeriano, sino que proporcionó inteligencia para los ataques.
Para Nigeria, esta operación representa una oportunidad para emplear la abrumadora potencia de fuego estadounidense contra insurgentes que han desestabilizado las comunidades rurales del noroeste del país. El portavoz de Tuggar justificó los ataques aéreos afirmando que tenían como objetivo “disuadir nuevas operaciones de bandidos en esa zona” y añadió: “El poder aéreo es algo contra lo que no pueden luchar”.
Una narrativa para consumo interno en EE.UU.
Analistas internacionales ven en esta acción una maniobra con doble propósito. Por un lado, responde a la preocupación genuina del establishment de seguridad estadounidense por la amenaza del ISIS. Por otro, satisface una agenda política doméstica. Vincent Foucher, investigador del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia, afirmó que los bombardeos “resuenarán entre algunos cristianos estadounidenses y aliados políticos de Trump”, quien busca demostrar a su base evangélica que está actuando.
“Es una buena manera para Estados Unidos, para Trump, de demostrar a la derecha evangélica estadounidense que está haciendo algo por Nigeria”, declaró Foucher. La acción se produce tras las amenazas públicas de Trump el mes pasado de atacar Nigeria o enviar tropas si su gobierno no detenía la violencia contra los cristianos.
Nigeria, la nación más poblada de África con cientos de millones de musulmanes y cristianos, enfrenta una violencia generalizada y multifacética que afecta a ambos grupos religiosos por igual. La simplificación de este conflicto en una narrativa de persecución religiosa unilateral, según los expertos, no solo es inexacta sino que podría oscurecer aún más las soluciones a una crisis humanitaria profundamente arraigada.
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