Condenan a prisión perpetua a joven por asesinato de su madre e intento de homicidio de su padre en Misiones
Pablo Schoenfisch fue condenado a prisión perpetua en Misiones por matar a su madre e intentar matar a su padre en 2020. Su padre, sobreviviente ciego, declaró ser el único responsable, pero el tribunal desestimó su versión.
Pablo Schoenfisch, de 23 años, fue sentenciado a cadena perpetua por el Tribunal Penal de Eldorado por dispararle a sus padres mientras dormían en 2020. El veredicto se produjo a pesar de los intentos de su padre, sobreviviente y ciego por el ataque, de asumir toda la responsabilidad del crimen.
La justicia misionera ha dictado una sentencia de prisión perpetua para Pablo Schoenfisch, hallado culpable del homicidio de su madre, Faustina Antúnez (54), y del intento de homicidio de su padre, Arnoldo Schoenfisch (67), ocurrido en la madrugada del 14 de mayo de 2020 en Santiago de Liniers. El fallo, emitido por el Tribunal Penal de Eldorado, fue respaldado por dos de los tres jueces, quienes desestimaron tanto la coartada del acusado como la sorprendente declaración de su padre, quien intentó exculparlo.
Un crimen con versiones encontradas
Durante el debate, Pablo Schoenfisch mantuvo su inocencia, argumentando que la noche del crimen se encontraba en la casa de su abuela y una tía, a quienes cuidaba. Afirmó haberse enterado del ataque a la mañana siguiente. “Quiero poner en claro que yo no fui el que disparé a mi madre y tampoco atenté contra la vida de mi padre”, declaró ante el tribunal, añadiendo que sus padres “son todo para mí, son mi vida entera”.
Sin embargo, su versión chocó frontalmente con las pruebas y testimonios recogidos. En una declaración impactante, Arnoldo Schoenfisch, ex intendente del pueblo y víctima que perdió la vista por el disparo, intentó cargar con toda la culpa. “Estábamos acostados con mi esposa y discutimos un poco. Estaba un poco desorientado. Agarré el arma, la asesiné y después me quise suicidar”, testificó, culminando con la frase: “Pablo es inocente, yo hice todo y tengo que ser el imputado”.
Pruebas contundentes y móvil familiar
La fiscalía, a cargo de Federico Rodríguez, logró desarticular el relato de la defensa presentando un conjunto de evidencias sólidas. Se estableció que Pablo solía portar el revólver calibre 38 utilizado en el crimen y que había consultado a un familiar sobre cómo evitar que quedaran rastros de pólvora en las manos. Una empleada doméstica encontró casualmente en la habitación del joven un par de guantes con restos de pólvora.
El móvil del crimen se habría gestado en una relación familiar extremadamente deteriorada. Testigos describieron que Pablo “mandaba a la mierda” a sus padres y que existían fuertes conflictos porque el joven “no quería estudiar ni trabajar”. Esto había llevado a la pareja a restringirle el uso de vehículos y a cortarle el pago de su teléfono celular. Además, el día previo al hecho, Faustina había descubierto la falta de una importante suma de dinero de su cuenta y sospechaba que su hijo le había robado la tarjeta.
La sentencia y la alevosía del acto
El fiscal Rodríguez solicitó la pena máxima, argumentando que el acusado había actuado con “alevosía y premeditación”. Subrayó que las víctimas fueron atacadas mientras dormían, con la cabeza apoyada en la almohada, “sin darles ninguna posibilidad de defensa”. También pidió que se investigara a Arnoldo Schoenfisch por falso testimonio.
La defensa, por su parte, insistió en la falta de pruebas directas que ubicaran a Pablo en la habitación esa noche y en la ausencia de ADN de las víctimas en su ropa, pidiendo la absolución por el “beneficio de la duda”. No obstante, los jueces consideraron que el cúmulo de evidencias circunstanciales, sumado a la contradicción entre la primera versión espontánea de Arnoldo –a quien escucharon decir “Pablito se mandó una cagada” a los primeros familiares que llegaron– y su posterior declaración en el juicio, era suficiente para condenar. El tercer magistrado del tribunal consideró que la versión del padre merecía una investigación más profunda, pero la mayoría impuso la sentencia de prisión perpetua.
AA – EMJ
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