Concordia: la docente que convirtió su dislexia en una herramienta para romper el ciclo de la pobreza
Felicitas Silva (29), docente de Concordia, creó Volando Alto, una organización que acompaña a más de 180 personas en barrios vulnerables, usando la educación para romper el ciclo de la pobreza.
En la ciudad de Concordia, Entre Ríos, la docente Felicitas Silva, de 29 años, fundó la organización Volando Alto para acompañar a niños, jóvenes y familias en barrios vulnerables. Su propia experiencia con la dislexia y la frustración escolar la impulsó a crear un espacio donde la educación es la clave para transformar realidades.
La iniciativa nació como una respuesta concreta a las dificultades que ella misma atravesó durante su infancia. Años más tarde, mientras se formaba como maestra, supo que tenía dislexia. Este entendimiento no solo le permitió ordenar su historia personal, sino que también definió su vocación de acompañar a quienes necesitan otros tiempos y formas de aprender.
De una residencia docente a la acción concreta
La convicción de Silva se profundizó durante una residencia docente en Santiago del Estero. Allí tomó real dimensión de las múltiples urgencias que atraviesan a los niños en contextos de vulnerabilidad. Comprendió que, a diferencia de su propia infancia, para muchos chicos la escuela no es la principal preocupación.
“De chica yo tenía el lujo de que mi preocupación máxima fuera aprender yendo a la escuela. De grande entendí que hay muchos chicos que tienen otras preocupaciones más urgentes”, reflexiona la fundadora. Esta experiencia fue el impulso definitivo para crear Volando Alto en su ciudad natal.
Dos centros que abrazan a la comunidad
La organización funciona actualmente en dos Centros de Desarrollo de Oportunidades. Uno está ubicado en el asentamiento de La Bianca y el otro en el barrio Benito Legeren, ambos en Concordia. En estos espacios se desarrollan programas de alfabetización, matemática, alfabetización digital, crecimiento integral e inglés, entre otros.
El trabajo es integral y personalizado, priorizando el respeto, la contención y el fortalecimiento de las trayectorias educativas. “Elegí ser docente por ver cómo me acompañó mi mamá, que es maestra, durante el proceso. Pero siempre supe que quería ser una maestra que acompaña a chicos que necesitan otros tiempos, que necesitan ser abrazados de una manera integral”, explica Silva.
Los números del impacto social
El alcance de Volando Alto es significativo. La organización acompaña a más de 140 niños de entre 4 y 15 años, a 20 jóvenes de 17 a 26 y a 20 adultos. En total, su trabajo impacta positivamente en 85 familias de Concordia que residen en barrios con altos índices de vulnerabilidad social.
El proyecto se apoya en la empatía como herramienta pedagógica fundamental. El objetivo es respetar los ritmos de aprendizaje individuales, reconocer las fortalezas de cada persona y generar un entorno seguro donde se pueda progresar sin cargar con el peso del fracaso escolar.
La filosofía de la organización queda resumida en las palabras de su fundadora: “Si estamos abiertos de corazón, todos aprendemos todo el tiempo”. Con esta premisa, Volando Alto continúa su labor en Concordia, demostrando que la educación personalizada y con afecto puede ser un motor poderoso para cambiar destinos.
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