Catamarca en la cuerda floja: el cierre de una fábrica que deja al descubierto una crisis que se extiende

¿Cómo se vive el día a día en una fábrica que sabe que sus horas están contadas? Los testimonios de los trabajadores de NEBA en Catamarca revelan una agonía silenciosa que terminó con 56 familias sin sustento.

Por infotucuman · 26/02/2026 · min de lectura
Catamarca en la cuerda floja: el cierre de una fábrica que deja al descubierto una crisis que se extiende

La noticia del cierre definitivo de la firma NEBA en el Parque Industrial El Pantanillo no fue un rayo en cielo sereno, sino el golpe final de una agonía que los trabajadores venían sintiendo en carne propia. La empresa, que hace poco más de un año anunciaba la incorporación de 65 empleados, ahora deja en la calle a 56 operarios, sumándose a una escalada de despidos que comenzó en octubre pasado y profundiza la crisis laboral en la provincia vecina.

El proceso fue una lenta cuenta regresiva. La primera señal de alarma llegó en octubre, cuando la compañía inició una reestructuración que significó la desvinculación de 15 trabajadores. Desde entonces, la producción no volvió a recuperar sus niveles habituales y el consumo se derrumbó.

El golpe final se conoció hace pocos días, cuando la empresa comunicó el cese de su actividad fabril. Esta medida se suma a los 34 despidos que ya se habían producido el 30 de enero, consolidando una reducción sostenida del personal. La mayoría de los afectados contaba con extensas trayectorias dentro de la planta.

La agonía de una fábrica y sus trabajadores

Según relataron los operarios, la notificación de los despidos se realizó de forma verbal cuando se presentaron a trabajar, replicando un mecanismo ya utilizado en ceses anteriores. Un empleado con 28 años de antigüedad describió un clima de incertidumbre que se arrastraba desde hacía meses, marcado por una caída progresiva de la producción que vivían como una verdadera “agonía”.

Este mismo trabajador no dudó en vincular la crisis al contexto macroeconómico, especialmente a la mayor presencia de productos importados con costos inferiores a los de fabricación nacional. Una situación que, según su visión, termina dejando fuera de competencia a la industria local y afecta directamente a las familias que dependen de esos empleos.

Otro operario, con 36 años en la empresa, describió la tensión de las semanas previas al cierre, con pedidos urgentes para terminar unidades de freezers pendientes mientras la incertidumbre sobre la continuidad laboral crecía. En su opinión, el escenario responde también a decisiones de política económica que golpean al entramado industrial.

Un futuro incierto para los despedidos

La situación se agrava al considerar que más de la mitad del personal despedido tiene entre 50 y 60 años, un dato que dificulta enormemente su reinserción en un mercado laboral con escasa demanda. Los operarios advirtieron que la pérdida del empleo no solo implica la desaparición de su fuente de ingresos, sino también la imposibilidad de sostener económicamente a sus familias.

Pese al conflicto, los trabajadores organizaron una protesta pacífica en el acceso a la planta y aseguraron que el diálogo con la empresa continúa abierto. Mientras aguardan definiciones sobre las indemnizaciones y posibles soluciones, permanecen en el predio industrial con la esperanza de obtener alguna respuesta favorable.

Este cierre, que según coinciden los afectados se gestó gradualmente al ritmo del deterioro del consumo y del retroceso de la actividad fabril, deja al descubierto las vulnerabilidades de la industria local frente a un escenario económico cambiante y competitivo.

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